Jueves 20 de Febrero. Abrí los ojos y no me sentí diferente. A excepción de que mi cuarto era otro. Libros desordenados como siempre, el piso limpio, sin basura ni ropa tirada. Sin olor agrio de alcohol añejo. Sigo evitando tomar a toda costa. Más o menos. Es lo mejor que le pude hacer a mis riñones, hígado y demás porquerías en el estómago y al rededor que aún me funcionan; y no, aún no logró superar mi asco al pensar en las entrañas. Otra cosa diferente es que ya no consumo tanta comida chatarra diario, mis intestinos se sienten más móviles. También trato de caminar todos los días e hidratarme con agua en lugar de café. Y que me baño con un jabón de avena. Bueno, supongo que sí me sentí diferente al abrir los ojos, ahora que lo pienso.
Aunque al despertar seguía romantizando el creer que moriré debajo de un puente por sobredosis de alguna pendejada o alguna obsesión que a veces me llevan al limite.
Me dio miedo, cumplir años me pone más paranoico cada año. Busqué el número de Jesús, por que aún no logro memorizar mas números que los de mi celular.
"—Te habías propuesto no volver a intoxicarte más que cada viernes primero de mes.
—¡Cállate, es mi cumpleaños, no me estés chingando!
—Sólo recuerda lo que le pasó a tu tío Guillermo.
—¿De qué putas hablas?
—La soledad, los miedos, extraterrestres, lo desconocido"
Me gustaba mucho. No lo puedo negar, algunas de esas cosas sí las creía. Sigo cuestionándome sobre los dioses; mas de una vez he creído que, de verdad, sean sólo historias de extraterrestres, exageradas a través del paso del tiempo. Quizá los encuentros habían sido triviales. En eso discernía del griego despeinado. No creía que se tratara de eventos increíbles. Quizá un extraterrestre preñó a una hembra simio y nació el primer sapiens sapiens. Quizá sus tíos extraterrestres sólo medían medio metro más de estatura pero eran prácticamente idénticos, aunque mucho más hermosos. Quizá no eran extraterrestres, sino humanos del futuro que viajaron accidentalmente a esa época y trataron de no colapsar al universo y en su intento de pasar desapercibidos fundaron el origen de la mitología humana. También están las teorías de las que mi padre siempre me cuenta, sobre todo la idea ancestral de los grises que tenemos grabada en la mente todos los humanos. El gris era un humano del futuro, más delgado, rasurado, más alto. También eran coreanos con cincuenta cirugías en la cara para ser más hermosos.
No existen los extraterrestres por acá aún. Es lo terrible. Vivimos en una galaxia en la que tenemos registro de el único planeta con vida. Pero hay muchas galaxias, y estas a su vez en dimensiones, todas coexisten y en algunas todos los planetas son selvas. Por suerte ellos nos visitan. Pero mientras no entendamos el plano de acción no podremos contactarlos de vuelta ni acceder a su conocimiento.
*Pausa técnica de bitácora. Llego mi primer regalo de cumpleaños. Llego de la mano de Jesús*.
Todo mundo sabe que los ácidos dan poderes contra los no muertos y todo lo del otro lado del umbral. También hacen que las donas sepan mejor y que dures una eternidad en terminártelas.
Siento que todo me esta rodeando y no puedo tocar absolutamente nada. Platico con el lobo que encontré en la pared, sobre aquella época dorada en que éramos uno con búfalos y caballos salvajes, aquella época en la que para la humanidad lo más importante era la ceremonia para drogarnos y absorber la inmensidad del espíritu. Eran otros tiempos, corríamos semidesnudos por el mundo, explorando nuestra memoria arcaica y los confines de la sabiduría de las plantas. La civilización nos ha vuelto tan débiles. Las personas ahora se enferman a la menor ventisca, a la primera mierda que tragan fuera de un plato en su hogar. Terminan con los pies hinchadísimos tras caminar poco más de un kilómetro. El secreto para correr por horas kilómetros, esta en nuestros glúteos, en nuestra ausencia de pelo, en que somos bípedos para correr más tiempo que la presa. Correr hasta que el venado se sobrecaliente y caiga por el cansancio, alcanzarlo y terminar con su sufrimiento. Ese animal en esas condiciones moriría lentamente. Necesito ese espíritu de vuelta en mi y una hamburguesa de mamut.
Jesús nunca entiende de que le hablo cuando estoy drogado pero se queda a cuidarme y eso lo aprecio bastante. Ya no queremos ver la pared, se nos esta bajando el trip, así que iremos a la cocina para sentarnos ahora frente al televisor.
Despertó mi testosterona antes que el resto de mi cuerpo y no dejo de pensarla. Todos deberían de tener una amiga para besuquearse. Una con muy buen trasero. Me gustan los traseros, su forma de pera, su hendidura, su carnosidad, sus bordes, su extensión a las piernas. Fríos, aclimatados, tibios, ardientes, redondos, planos, frondosos, escasos. Las caderas son todo un paraíso. Mordisquearle los huesos, oler su vientre, hundir mi cara entre sus piernas, saborear con la lengua. Tengo varias diapositivas en mi mente: me pensaba masturbar pero mi dealer sigue aquí. Mejor salimos a comprar caguamas con Armando, es el único que vende a las tres de la mañana alcohol cerca de mi casa.
Amaneció y me llamo Alejandra. Me invitó a desayunar hot cakes en su casa. Tiene sus ventajas conservar como amigas a quienes no te funcionaron como pareja. Fui. Me dio otro abrazo de cumpleaños, este si era el oficial. Hicimos hot cakes. Hicimos café. Desayunamos. Después fuimos a caminar al parque cerca de su casa. Me conto que se mudara a Colombia, esta vez si sentí una ruptura y que algo dolía en mi en plexo de mi abdomen aunque me sentí muy orgulloso y entusiasmado y feliz por ella. Pasamos un buen rato mirando a un pato que se quería coger a una pata. Pensamos en Michelle. Llegamos a los columpios, deseaba estar drogado, mientras recordaba en silencio la vez que en Colomos, Mon nombró 'Alfredo' a un pato castroso que se quería comer nuestros sandwiches, fue el día que una ardilla atacó a Marcia y le arañó el pecho y yo sentí que el universo me quería decir algo con ello.
Le conté a Alejandra de la primera vez que vi jirafas, creí que eran árboles; sólo veía troncos moviéndose, cuatro troncos uniéndose en una extraña mole cárnica estampada de la que salía un tronco más, más grueso, con una hilera de extraño musgo o pelo vegetal y una cabeza, una puta cabeza en el extremo, o al menos eso imaginaba, era una cosa como un caballo apatado de lengua serpentina, dos tronquitos, dos verguitas saliendo del cráneo sobre dos ojos abultados y saltones. Un esperpento. La bestia. El diablo. Todas esas cosas. Un monstruo improvisado en su hechura. No recuerdo más ni donde.
De pronto salió una manada de ñúes de mi boca, enrojecí, aún no me acostumbró a ser tan grosero con ella. Y que tampoco pude recordar más de mi infancia. Cada que vuelvo a CDMX mis padres se encargan de narrarme episodios que en lo absoluto recuerdo. Como cuando llevé a Lila a ver fósiles de dinosaurios la segunda vez que salimos, me aburrí de su compañía y le hable a otra amiga para que desaburriera nuestra cita y después Lila se fue a quejar con mi mamá. Yo no recuerdo haber sido tan mierda como quieren hacerme creer. Dice que le compré un dinosaurio de plástico, lo cual deja claro que soy una buena persona. Pero al día siguiente, después de unos huevos fritos y cereal para el desayuno, terminé en un hotel, ampliamente recomendado —este es un comercial no pagado—, con su amiga Melissa. Después de bañarnos me llevó a conocer el centro histórico del CDMX, como si nunca lo hubiera pisado, aunque en realidad desconozco la ciudad aunque haya nacido en ella y yo tenía poco de haber vuelto de Guadalajara. Me llevo a una exposición de fósiles —si, tal vez era un ritual de ligue de su circulo de amigas— y conocí al Plesiosaurio. Al Kronosaurio. Al Leviatán. Su cabeza era como un bocho. Su cuerpo un metrobús. Le di muchas vueltas. Lo vi desde todos los ángulos. Alguna vez esa cosa cazó y devoró a otros monstruos marinos, a peces, a reptiles, a anfibios. Ahora estaban ahí sólo sus huesos. En ese momento, yo me sentía feliz y abrumado. Varios años después, estaba en un parque viendo como un pato no es tan diferente a un hombre caliente, torpes, tercos y nada sutiles. Justo le contaba de esto a Alejandra cuando me llamó Michelle para felicitarme y perdí el hilo de mi conversación. Como siempre me sucede.
Después de eso la acompañe al super y me canto las Mañanitas mientras yo empujaba el carrito con ella montada al frente. Yo le pasaba la receta de la pasta con tres quesos y vino blanco y croquetas veganas porque su novio iría a comer a su casa.
Después de bañarme salí a casa de Víctor, pero primero pase a ver a Ayrton. Pero antes de eso me encontré con Anna justo antes de Sergio. todos con la misma energía y haciendo que me cuestione si debo regresar a mi casa a encerrarme.
Envidio a las plantas que absorben sus poderes del sol en vez de desarrollar cáncer de piel como yo. Bueno no, sólo me pongo rojo.
Salí con Paco y Mario. Cenamos. Vimos el concierto de Black Sabbath en Melbourne, Australia del 2013. Vimos Orange Is the New Black (Viri se quedó dormida, como siempre). La acompañamos a su casa. Tomamos una botella de jack. Regresé a mi casa, ya había pasado el 21.
Me alegro recibir felicitaciones de muchas personas, en todos lados. Katya hasta se desvelo para ser de las primeras y Leslie madrugo; les adoro y eso me hace feliz. Me encantó felicitación de Eunice y la de Raúl, nunca sueltan un "te quiero" ni a sus parejas y a mi me lo dejaron claro. Me gusto ver que muchas personas que apenas conocí o me di a la tarea de saber un poco mas de ellas, me tienen un gran aprecio, me satisface demasiado. Fue un buen día para ser un cumpleaños.
22 de Febrero
Por fin desperté y entendí que ya soy un año mas anciano. No había ningún otro cambio. Era el mismo tipo de dos días antes. Sólo que ya no estaba esperando mi cumpleaños, pensando que iba a sentirme extraño, era el primero lejos después de 10 años que pasaba sin pareja. Veré a Val, mi primer amor de prepa (de la prepa de ella, hehe). Después de ella, vi a Anna, me llevo por galletas y mas tarde vi a otro par de amigos. Nada ha cambiado. Solo un año más, no había cómo dudarlo, era 22 de Febrero, un día después de cumplir años. No sé por qué a veces escribo los números con letra y otras con número. Creo que las fechas las escribo con número, pero al parecer la edad también. Aunque eso último no siempre. Eso último es errático.
Después de algunas cervezas comprobamos que seguimos siendo los mismos, frecuentamos el mismo lugar, seguimos cometiendo los mismos errores, los mismos aciertos, seguimos siendo los mismos pendejos, sólo crece la complicidad y el cariño. Volvimos a mi casa, abrimos otras botellas de whiskey.
Supongo que este año ha sido el más complicado. Supongo que cada año que sigue debe ser el más complicado, el que involucre cosas más difíciles. Creo que si cada año se hace más sencillo uno deja de crecer. Uno se vuelve adulto. Creo que el adulto no es precisamente alguien «maduro» sino alguien enquistado, alguien que deja de aprender y que ya está definido, alguien que ya no va a cambiar. Me parece terrorífico dejar de cambiar. Entonces está bien que haya sido un año duro. Un año de rupturas. Un año de sacrificios a los dioses de la cosecha. Un año de experimentación y aprendizaje a base de golpes. Las personas se van, pero gané otras y descubro a los amores de mi vida, a esos que quiero tener a mi lado y que sé que estarán. Me gusta que haya terminado este año. El que sigue será más duro, estoy listo para irme a vivir a la sierra cortando madera para construir una cabaña y alimentarme de la caza de jabalíes. Escribiré El Nodo II y esperaré a que pronto llegue un holocausto zombie.
A mis amigos y seres queridos: sigo aprendiendo mucho de ustedes. Soy su reflejo, pero menos pendejo. LOS QUIERO!.
