sábado, noviembre 13, 2010

El día de ayer, sobre un mariposa, clave alfileres en lenta disección. A ojo de lupa, no encontré el mecanismo de su vuelo.

Mis manos se tiñeron de su polvo matizado y con las palmas engarzadas imprimí mariposas en la sombra con vuelo a voluntad.

Las escondía mientras la luz se extinguía.

Hoy mis amados, enredo capullos en su cabellera para que nunca se olviden de soñar.

Detrás de la puerta de su casa desdoblo como alas las puntas de mi abrigo, para ser invisible a sus ojos, quienes dan pasos a futuros vacíos tiempos perdidos.

El barco está noche espera entre la nubes. Se construye en la oscuridad detrás  de tus ojos, con el silencio en sus velas albinas en mares de vino espeso y oscuro, más tarde tragedia de pájaros ahogados en olas gigantes, pero no eres un ave, eres insecto que en el amnios reposa desnudo.

Deja que las ideas se evaporen, que los capullos florescan y el techo se desprenda y nos deje ver el cielo desnudo con sus incansables miradas en su caricia invisible que nos consuela, y volver al principio: cuando levantamos los párpados y el sueño comience la realidad.

Nunca Se Olvida Soñar

jueves, noviembre 11, 2010

(A mis Brujas Amadas...)

I

Las viejas reúnen sus voces frente al fuego.
Arrojan el frió de sus manos,
la humedad envolvente en el mar de la desdicha.

Ahí, las ánimas abandonan el capullo cenizo
por la espesa carne que chilla en las sombras.

Las hierbas expulsan su verde melancólico y su flor mas intima
mientras el pájaro abandona el nido arrugado para crecer su vuelo
en la madrugada primogénita.

Por la noche, el reptil calienta su lengua y el insecto revuelve la sangre,
para ser presa eterna multiplicando su sed en la entraña.

Ellas dejan caer sus corazones negros,
hunden su grito en el vértigo y muerden, en su trance, los pechos del bosque.

Ahí, ante la parvada del fuego,
ante el verde tenso de la hierba, las Brujas Dividen La Sal.

II

Toco la luz.

Nada en ella enciende la hoguera.
Un rojo nostálgico atraviesa la sangre.

En mis dedos en fuego danza, sus plumas doradas tiemblan,
ánimas azules revientan su ardor.

Abro la piel del mundo.

Mi lengua posee el hechizo tejido debajo del mar por pájaros blancos.

No nací para contemplar la tormenta.

Yo soy el trueno, su brillo terrible desgarrando los muslos húmedos de la noche.

Afuera: la belleza.
El caos revolcándose en su libertad de asombro.

Las criaturas renacen en lo informe, se encarna lo innombrable.

Vorágine fiesta.
Carne sin cuerpos.
Mar sin espuma.
Sonido sin voz.

Amor al fin: Omega devora Alfa devora Omega, la cola de Ouroboros.

He visto el caldero, la negra miel de su sexo.

Mundo frágil, mínimo animal.
Obeso caracol,
azar petrificado.

Arde la hoguera,
En mis ojos hierve el misterio,

Heridas discretas.
El oval no dejar de sangrar sus mieles.
El secreto: Thelema.

Conjuro Para Dividir La Sal.

Probando lenguas...

Tarareando

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Rayar aquí...