Me considero perfectamente capaz de hacerte creer que puedo regalarte la Luna y las estrellas que me pidas que baje. De renombrar constelaciones con tu nombre y apellidos. De demostrarte que podemos vivir en el paraíso con tan solo estar juntos. De hacerte sentir que eres la mujer más hermosa que habita el universo. De no poder evitar sonreír al verte. De manipular infinidad de cosas para que creas que el destino se encargó de unirnos. De convencerte de que pienso en ti todo el tiempo. De mostrarme nervioso ante tu presencia. De contarle al mundo que me estoy enamorando. De prometerte que quiero morir a tu lado. De cumplir al pie de la letra todos tus caprichos. De cocinarte todos los días. De practicar todos los clichés estúpidos a los que se someten los enamorados. De confesarte las verdades más absurdas. De hacerte pensar que puedes destrozarme cuando quieras. De escribirte una carta cada vez que tenga la necesidad de decirte algo. De enviarte regalos y una pendeja nota que no podrá expresar todo lo que te quiero decir. De ser un pendejo a tu lado; tu pendejo...
En resumen, me atrevería a jurar y demostrar cosas que no creo o no siento con tal de coger...
Pero como no me gusta ser cursi —ni sé serlo— y el hacerme pendejo en estas cuestiones, tampoco me sale —además de que sé que no te ofenderás—, me limitaré a decirte que te quiero coger hasta que se nos disloque la pelvis (si es que eso es posible).
Meterte más que la puntita. Con todo respeto, eso sí.
PD: ¡CERDOS MENTIROSOS!...
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