miércoles, marzo 05, 2014

Psicoanálisis Barato...

with 0 Sacaderos de lenguas
Un día despiertas con la brillante idea de iniciar el día leyendo las noticias. Acto seguido, regresas a la cama porque el mundo es una porquería. Porqué no sabes como no ser parte de el.
 
Con un poco de resignación, hambre de calle y ganas de enfrentar la realidad, salí a buscar un lugar donde meditar. Tras una larga caminata concluí que no es la gente en sí misma lo que me causa ansiedad, sino las interacciones sociales, su mala educación, sus prisas por llegar a ninguna parte. Tuve esa hambre de calle, de encontrar edificios que no había visto, detalles en las esquinas de siempre, ponerle nombre a lo que he obviado y renombrar lo olvidado.

Curiosamente o inconscientemente terminé en la casa templo donde intenté ser budista. Entré a saludar y me senté a descansar un momento del lado de la jardinera en la que nunca me había sentado, en un lugar que no significa nada y tuve una conversación: me apropie del espacio, borre mi memoria de todo lo que había recorrido porque todos los edificios, esquinas y calles tenían aún el nombre de otra persona, el mío, nuestra historia, la historia de alguien más. Cargaba un hueco que hace tanto tiempo no conocía. De pronto recordé aquella persona que quiso sobre escribir su nombre en estas calles; me proponía que si le enseñaba a tocar la guitarra, aprendería ruso y me escribiría un poema y lo recitaría todas las mañanas hasta que fuera famosa. No pretendo aprender ruso, por eso no me quedé. Como tampoco sucedió con la niña tortuga; quería que le enseñará a volar y a cambio montaría una galería en mi habitación. Pero no. Para que adornar paredes si a mi me gusta ver el techo o entre nubes. Volvió aquella rubia hermosa que quería que coleccionará sus miradas y su boca, quería que la memorizara de pies a cabeza. Tendría que dejar que estuvieran de moda las rubias en mi pecho y solo recuerdo lo que me conviene. Luego vino la que sabía volar, me dijo que me llevaría a cualquier lado que quisiera siempre con ella. Yo ya sé volar, y su maleta era muy pequeña, no cabía mi cepillo de dientes. Caben más cosas en las bolsas de los ojos que en una maleta convencional. Reencontré a la encantadora de serpientes boca de algodón. Sigue pidiendo uno de mis órganos a cambio. Y la chica del café, tan cálida y silenciosa, tan llena de amargos dulces, tan llevadera y esencial, perfecta para despertar o dormir, pero no para mi gastritis y sus ideas reptilianas y la cafeina no eran buenas para mi ansiedad por la gente.

Bueno, pues lo que era una conversación o meditación termino en un psicoanálisis sin honorarios, vaya desperdicio. Los resultados, los mismos de siempre: mando al diablo todo aquello que lo divino es incapaz de resolver, sigo creyendo que hacer filas para entrar a museos está sobrevalorado, que el dramatismo de correr a evitar que tu amado sé aleje, es romántico y no enfermizo, que aquella femme fatale ni era tan fatal, simplemente mujer, que no sabré cuanto dura el amor de mi vida hasta que me muera, que la gente es bien idiota, que necesito descubrir un nuevo mundo o encerrarme finalmente en este templo. Mientras tanto, es tiempo de recorrer la ciudad y rebautizar mis alrededores y, mudar lo aprendido a una nueva. Escribir una nueva historia.

0 Sacaderos de lenguas:

Publicar un comentario

Probando lenguas...

Tarareando

Raconte-Moi Une Histoire by M83 on Grooveshark

Rayar aquí...