A veces despierto con una serie de pensamientos bastante cerdos y ofensivos. Amanezco con muchas ganas de llamarte para hacerte preguntas indiscretas y propuestas indecorosas. Por ejemplo, me gustaría saber si dejarías que te amarrara y amordazara y pudiera hacerte a mi antojo; cuál es el precio que hay que pagar para que seas puta sólo para mi, por un día; o si me permitirías asfixiarte nuevamente metiéndote la verga hasta la laringe; o desgarrarte como aquella vez y me maldigas cada que sientas necesidad de cagar; o que tal si nos vamos de antro en busca de una pareja con la cual cojer los cuatro; cojerte los cuatro.
Dudas como las anteriores y muchas más se la pasan atormentando o entreteniendo mi mente durante todo el día, al mismo tiempo que me hacen sentir un tanto superficial y un barbajan por no ser capaz de recordar cosas más allá de tu deliciosa figura y tu imponente manera de entregarte al sexo. Afortunadamente, esta sensación no me dura mucho tiempo, sólo la acidez por tragar tanta cursilería y no escupir este infierno.
Hasta la próxima cojida. Prometo pensar mucho en ti... En ti.
Me alegra decirte, que la próxima vez, la puta, ya no seré yo. Me queda corazón.
P.D.: de tanto desearte, mi verga erecta ha crecido tres centímetros más.

0 Sacaderos de lenguas:
Publicar un comentario