He vuelto a visitar la casa de mi abuelo. Ahí tiene un reloj
en la sala y este reloj repite un segundo por cada minuto. Llevo 2 horas
mirando el segundero y cada que éste llega al número 9 se atora y se regresa al
segundo anterior inmediato para después seguir avanzando.
Llevo ya 3 horas mirándolo y mirándolo, a cada vuelta ocurre
lo mismo en el número 9. Me parece rarísimo, ¿porqué el nueve? ¿Alguien ya lo
habrá notado antes?
Ya son 4 horas, es
decir, 240 minutos. Y si a cada minuto el reloj repite un segundo ha repetido
ya 240 segundos, es decir 4 minutos. A cada hora el reloj repite un total de 60
segundos, un minuto. Este reloj da un minuto extra por cada hora. Qué
maravilla.
Llevo ya 15 horas en esta casa, ¿ven?, sigue ocurriendo lo
mismo, 15 minutos extras, quince, 15. Yo no sé de dónde saca coraje este
relojito para desafiar el flujo del tiempo de ese modo. Ahí va otra vez, justo
en el número 9, en el nueve, 9. Va de regreso, una manecilla que se mueve
contra las manecillas del reloj para repetir un segundo, 1, uno. Qué bueno que
exista este reloj que da tiempo extra, ahora mismo me ha dado ya 59 minutos,
cincuenta y nueve. Y dale, otra vuelta más, ahí está, se los dije, justo en el
9.
Estoy muy contento porque ahora ya tengo más tiempo para estar con mi familia y quedarme a ver el reloj en la sala.


0 Sacaderos de lenguas:
Publicar un comentario