Quisiera estar muerto. Al final todos nos morimos, eso nunca cambia. Y si quiero morir no es por cobardía es por hastio pero aún no estoy listo. Aún no he perdido totalmente la cordura.
Qué sería de mí sin las sesiones demenciales de escritura. Escribo mucho, demasiado, escribo para frotar el tiempo, sentir como se me cuela entre los dedos y a veces me acompaña la música, fiel y amada, para evitar la ausencia. O mi mejor amigo el alcohol que es el único en quién puedo confiar y que se perfectamente como me va matando poco a poco.
Aún duermes en mi cama mientras yo suspiro y escribo buscando esas palabras desconocidas, aún no despiertas, sigues en mi cama, aún es Martes. Yo era el de los Martes, ¿recuerdas? Acaricio tu espalda para escucharte ronronear.
Acabo de borrar un párrafo. La última palabra que borre al borde era precisamente lo que quería decir. Todo. Esa última palabra.
Dejarte que claro que no puedo morir porque la última vez que morí estaba contigo. Debajo de esa piel, donde todos estamos desnudos.
¿Tienes un poco más de café? Aún la Luna no termina de derramarse en la azotea sin testigos.
Para mi siempre es Martes.

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