domingo, diciembre 29, 2013

El Mes Que Duro Ocho Años...

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Decir que te alejabas cada vez que alguien intentaba traspasar la barrera de falsa intimidad que creaste, sería caer en un terrible cliché que, en este caso, es terriblemente cierto.

Ibas dejando a tu paso hombres desconcertados que se preguntaban, una y otra vez, la razón de tu huida.

A mí, en cambio, nunca lograste engañarme. Desde el día que te conocí pude ver el cristal que nos separaba aunque te empeñaras en mantenerlo limpio para que pasara desapercibida. En otras palabras, supe que desaparecerías en cualquier momento y por eso me dediqué a disfrutarte en vez de intentar construir cualquier tipo de intimidad.

No me importó tu historia ni tu color favorito, mucho menos el origen de esa pequeña cicatriz arriba de tu pecho izquierdo. Jamás averigüé cuál era tu comida preferida pero en cada beso conocía más de lo que habitaba en ti. Me entretuve en tus poros para llevarlos con mi esencia, no para ver qué podían contarme de la mujer que hacía mía que se quedaba a mi lado.

Sin preguntas, te dejé recorrerme y nunca sonreí con falsa esperanza cuando soltabas, por costumbre, una frase sobre nuestro futuro juntos. Incluso, me hiciste creer en el futuro, en una familia, en que llegaríamos a vivir más allá de los 45 años rodeados de gatos y un par de perros-lobos.

Ahora sabes porqué nos extrañamos tanto.

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