Hoy desperté decidido a ser la ventana cerrada tras la cortina, esa cortina obscura que nunca me deja ver que ya amaneció. Tú eras el perfumado viento helado que acaricia y se cola por mis rendijas.
Olvidando los pocos rayos de sol tintados de rojo, las gotas entre la brisa, o las canciones y el Blues o los sabores y esas cazuelas que soliamos acompañar de algún vino o cervezas. Nos reconoceríamos de entrada y de salida. Con los ojos cerrados.
Quién fuera olor para detonarte recuerdos. Quién fuera olor para viajar en el lomo del viento hasta donde quieras anidar recuerdos. Quién fuera olor para apestarte la vida y colarse en tus ventanas, recibir los suspiros y ahogarte a bocanadas.
Ojala no tuviéramos que extrañarnos. Como viento mover de vez en cuando tus cortinas, como si fuese una falda o algún vestido veraniego, jugar con tu cabello, robarte el aliento, cargar tus olores.
Así, si estás de acuerdo: pestañea una vez pensando en mí, pestañea otra vez pensando en el invierno, pestañea una última vez y deja todo atrás, cuelate de nuevo en mi(,) ventana.

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