Ésta es la última te escribo a propósito. No porque ya no quiera o porque como musa ya no me sirvas, mucho menos porque ya no te quiera. Es la última vez porque ya no pesas. Porque pude verte sonriendo sin mi, porque te mereces lo mejor y si estoy sonriendo es porque es en serio.
Hoy empecé a prenderle fuego a tus cosas, a los recuerdos. Sabes cuanto me gusta ver las cosas arder. Me quede sentado esperando ver si aparecías entre el humo o reencarnabas en cenizas.
Quise ver que te pudieses disfrazar de humo y cenizas, pero no de olvido. Jamás de olvido, es imposible olvidar a alguien como tu.
Lo cierto es que yo me siento mucho mejor. Ahora entiendo a que te referías. No se en realidad cómo te sentirás tú y, siendo honesto, tampoco es que me importe mucho. No a estas alturas, el Viernes te vi/creí feliz y eso me basta. Ese fue un gran momento para declararme inexistente.
No es porque ya se me haya olvidado lo que vivimos o lo que aún siento por ti. Es porque el final fue francamente espantoso. Y, no, no sólo el final, sino todo lo previo, mis estupideces y tus actitudes.
Esos meses de pesadez y angustia. De saber en las entrañas que todo estaba muriendo, de querer luchar aún así por algo que tu no querías, pero creerte cuando me decías que no tenía que ver conmigo, con “nosotros”. Saber cuantas veces te decepcione y cuantas veces me perdonaste y cuantas veces volvimos a fracasar. Por ti, por mi, finalmete, si tenía que ver con nosotros.
Se que te preguntas si te extraño, la respuesta es sí.
Llevo impregnada en las yemas de mis dedos la silueta de tu cuerpo, la textura de tu piel. Por las noches, encuentro mis manos delineándote, buscandote del otro lado de la cama; mis brazos rodean la almohada y mi nariz urga buscando tú nuca y lo peor, no hay pensamiento que no vaya acompañado de tu recuerdo. Incluso, sigo haciendo cosas pensando en un nosotros.
Siendo sincero, lejos de ese sentimiento de extrañarte, ya no tengo que pensar qué te pasa, qué tendrás. Ya no tengo que callarme las cosas, hasta las más simples, mucho menos tengo que mentir por esas agresivas explosiones. Te perdí el miedo, más no el cariño. Ya no tengo que fingir ni ser algo que no soy. Vuelvo a ser del que te enamoraste, que tarde ¿verdad?.
Ya no tengo que dejar de ser yo. Lo sé, ese es uno de los errores que cometí. Como muchos otros.
Y eso es, probablemente, una de las cosas que me han hecho no irte a buscar estos días: vuelvo a ser yo.
Por eso es que regreso a mis letras, a decantarme, a embarrar cada rincón de pintura, a crear. Hasta de aquí, mi espacio y madriguera me había alejado. ¡Vaya tontería!
Me convertí en mi propia prisión. Guardando y callando todo. Acumulando emociones, miedos, ideas... todo.
Eso va en contra de mi naturaleza porque lo mío es fluir, reír, vivir, amar. Soy peor que un animal salvaje, lo sabemos de sobra. Creo que por eso sentía esa pesadez tan horrible que no me dejaba ser. Porque yo no me dejaba ser, no me dejaba decir, gritar, llorar, romper, bailar, adorarte, corresponderte, explotar, rendirme a tus pies, mucho menos alejarme.
No me voy ni te voy a reprochar el que yo me haya perdido, es algo que sucedió y disfruté hasta el último de mis días a tu lado. Como sucede que a veces vas caminando por la calle y resbalas. Duele, sí. Pero no lo suficiente como para impedirte seguir caminando.
Y en eso estoy: caminando, avanzando, reconociéndome, re enamorándome de mí mismo y, aquí, te falló por última vez, volvió el egocéntrismo que tanto te costo apaciguar. Creo que no soy el monstruo que me hiciste creer que de verdad era. Ni tu eres tan perfecta como te creía pero tampoco eres mala; todo lo contrario. Eres una gran persona y te amaré por siempre, a mi forma, obviamente, pendeja, pero te amaré. Dicen por ahí que: "él primer amor nunca se olvida", yo agregaría que tampoco se deja de sentir. Espero nuestras promesas se cumplan, pero lo que más espero es no tenerte que volver a verte hasta el día de tu funeral dedicandote 'Wonderful Tonight'.
Si un día te quitas el orgullo, ojala puedas saludarme o mejor aún darme un abrazo. La tentación de irte a buscar es inmensa pero respeto lo que me pediste que hiciera; no es que yo sea muy obediente, la verdad es que me cansé de que no sepas escuchar y que me culpes por todo. Si, de verdad todo hubiera sido como yo quería, seríamos felices. Al menos, yo.
Te escribo por qué por fin puedo hacerlo. Esto no es una despedida ni un adiós. Es un te amo, que seas feliz. Que seamos felices. Ojala algún día tengamos la suficiente madurez para poder estar juntos. Mientras tanto sé feliz. Te adoro pequeño saltamontes.
PD: Tu teléfono sigue vinculado a mi cuenta de Google. Todas las fotos que has estado tomando de tu familia y tus borracheras se estan enviando a mi correo. Sales guapa, pero no me sirven. Toda esta semana publicaré los escritos que nunca te di. Supongo que a ninguno de los dos nos sirven, más que de exhibición.

0 Sacaderos de lenguas:
Publicar un comentario