Te hundes, te dejas ir hasta el fondo con los ojos abiertos.
Te sumerges en las profundidades, esas viejas conocidas que guardan todos tus secretos.
Te dejas ir una y otra vez, empapándote, dejando que tus poros se abran y absorban cada gota.
Fluyes derramándote porque no conoces otra forma porque así eres plena.
Te hundes, fluyes, pero jamás olvidas salir a respirar.

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